Software para empresas
Cuánto cuesta desarrollar un software a medida en Bolivia
Por Víctor Peña · Publicado el
Es la primera pregunta que nos hacen por WhatsApp, y es completamente razonable: ¿cuánto me cuesta un sistema para mi empresa?
También es la que menos se puede responder de entrada, y quiero explicarte por qué sin que suene a excusa. Al final de este artículo vas a saber qué determina el precio, cómo leer una cotización y qué preguntar para comparar dos presupuestos que a simple vista parecen iguales.
Por qué nadie serio te da un precio por teléfono
Preguntar cuánto cuesta un software es parecido a preguntar cuánto cuesta una casa. La respuesta honesta es: depende de cuántos ambientes, en qué terreno, con qué acabados y para cuántas personas.
Con el software pasa lo mismo, con un agravante: dos empresas que dicen necesitar «un sistema de facturación» muchas veces necesitan cosas muy distintas. Una factura 30 veces al mes desde una oficina; la otra factura 3.000 veces al día desde seis sucursales y necesita que cuadre con inventario en tiempo real. Ambas dijeron «facturación».
Por eso cualquiera que te dé un número cerrado sin haber preguntado nada, o está vendiendo un producto enlatado —lo cual es legítimo, pero es otra cosa— o va a llegar a la mitad del proyecto pidiendo más dinero.
Qué determina realmente el costo
Estos son los factores que mueven el precio de verdad, ordenados por el peso que suelen tener.
1. El alcance funcional
Cuántos procesos distintos cubre el sistema. No es lo mismo un módulo de pedidos que un sistema que abarca pedidos, inventario, compras, facturación y reportes gerenciales. Cada proceso adicional no suma: multiplica, porque además hay que hacer que converse con los anteriores.
2. Cuántos tipos de usuario tiene
Un sistema donde todos ven lo mismo es mucho más simple que uno con administrador, supervisor, vendedor y cliente final, cada uno con permisos y pantallas distintas. Los roles son de las cosas que más encarecen y menos se toman en cuenta al pedir un presupuesto.
3. Las integraciones
¿Tiene que conectarse con tu sistema contable? ¿Con impuestos? ¿Con una pasarela de pagos? ¿Con el sistema del proveedor? Cada conexión con algo externo es trabajo que no controlas del todo, porque dependes de documentación ajena y de que el otro sistema se comporte como promete.
4. Qué hacer con los datos que ya tienes
Si llevas años trabajando en planillas o en un sistema viejo, esa información hay que migrarla. Y casi nunca está limpia: hay clientes duplicados, códigos que cambiaron de significado, campos usados para algo distinto de lo que dice su nombre. Esta parte se subestima siempre.
5. El plazo
Comprimir un proyecto cuesta más, y no de forma proporcional. Meter más gente a un desarrollo atrasado suele atrasarlo todavía más, porque hay que coordinar. Si tienes una fecha inamovible, dilo desde el principio: cambia el diseño de la solución, no solo el precio.
6. Quién lo va a mantener después
Un sistema construido para durar cinco años se escribe distinto que uno para salir del paso. Cuesta más al inicio y muchísimo menos después. Es la decisión donde más se ahorra mal.
Los tres tamaños de proyecto
Sin dar cifras, porque dependen de todo lo anterior, casi todos los proyectos caen en uno de estos tres grupos:
Herramienta puntual. Resuelve un proceso específico que hoy vive en Excel: un control de pedidos, un registro de servicios, un panel de seguimiento. Un solo tipo de usuario o dos, sin integraciones. Es el punto de entrada más común y el más sensato para empezar.
Sistema de gestión. Cubre varios procesos conectados entre sí, tiene roles diferenciados, reportes y probablemente una integración con contabilidad o facturación. Es lo que la mayoría de las empresas medianas termina necesitando.
Plataforma. Sistema web más aplicación móvil, múltiples perfiles, integraciones con terceros, y a veces atención a clientes externos y no solo a tu personal. Aquí el proyecto se planifica por etapas obligatoriamente.
Si tu caso es el primero, desconfía de quien te proponga el tercero.
Cómo pedir una cotización que puedas comparar
El problema de pedir tres presupuestos es que suelen ser incomparables: cada uno entendió algo distinto. Para evitarlo, dale a todos la misma información:
- Qué problema quieres resolver, en tus palabras. No hace falta que sepas de tecnología.
- Quiénes lo van a usar y qué hace cada uno.
- Con qué sistemas debe conectarse, si es que hay alguno.
- Qué información tienes hoy y dónde está: Excel, un sistema viejo, papel.
- Cuándo lo necesitas funcionando, y si esa fecha es real o deseable.
Con eso, las propuestas que recibas van a hablar del mismo proyecto.
Qué debe incluir una propuesta seria
Cuando te llegue el presupuesto, revisa que tenga estas cosas. Si falta alguna, pregunta antes de firmar:
- Alcance detallado: qué entra y, sobre todo, qué no entra.
- Etapas de entrega, con qué vas a poder ver funcionando en cada una.
- Quién hace qué: si necesitan que alguien de tu equipo valide o entregue información, tiene que estar dicho.
- Qué pasa con los cambios que pidas a mitad de camino, y cómo se cotizan.
- Propiedad del código: a nombre de quién queda el sistema al terminar.
- Qué incluye después de la entrega y qué se cobra aparte.
Señales de alarma en una cotización
Estas son las que en nuestra experiencia terminan mal:
- Un precio cerrado sin haber hecho preguntas. O es enlatado, o el alcance se va a discutir a mitad del proyecto.
- Todo el pago por adelantado, o un cronograma sin entregas parciales que puedas revisar.
- No mencionar la propiedad del código. Si no se dice, asume que no queda para ti, y eso te ata al proveedor para siempre.
- Un plazo notablemente más corto que el resto por el mismo alcance. Alguien está subestimando, y lo vas a pagar en calidad o en tiempo.
- La solución antes que el diagnóstico. Si te proponen la tecnología antes de entender tu proceso, están vendiendo lo que saben hacer, no lo que necesitas.
El consejo que damos siempre
Empieza pequeño. Define la primera versión con lo que resuelva el problema más urgente, ponla en producción y decide el siguiente paso con el sistema funcionando y con tu gente usándolo.
Esto no es para vender menos: es porque el error más caro en desarrollo de software no es programar mal, es construir durante un año algo que después nadie usa como se esperaba. Con una primera versión en la calle, las decisiones siguientes se toman con información real en vez de con suposiciones.
Para cerrar
El precio de un software a medida no sale de una lista: sale del alcance. Y el alcance se define conversando, no adivinando.
En Norvic Software la primera conversación no tiene costo y de ahí sale una propuesta escrita con alcance, etapas y precio cerrado antes de empezar. Si quieres ver los distintos servicios que ofrecemos, están detallados en nuestra página de servicios, y si tu duda es si te conviene un sistema propio o uno ya hecho, lo desarrollamos en este otro artículo.
Saludos y éxitos.
Norvic Software
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